“Somos el visible pulso de lo posible”
-Cecilia Vicuña-
“Hace tiempo, el adjetivo inglés alone (solo), equivalía a dos palabras: all one, es decir, <<todo uno>>. Ser todo uno significaba ser una unidad total, una unicidad, tanto con carácter esencial como transitorio. Este es precisamente el objetivo de la soledad, ser totalmente uno mismo... La soledad no es ausencia de energía o acción tal como algunos creen, sino una abundancia de provisiones salvajes que el alma nos transmite. En tiempos antiguos, tal como sabemos a través de los escritos de los médicos-sanadores religiosos y místicos, la soledad deliberada era no solo paliativa sino también preventiva. Se utilizaba para curar la fatiga y prevenir el cansancio. También se usaba como oráculo, como medio para escuchar el yo interior y pedirle unos consejos y una guía imposibles de escuchar en medio del estruendo de la vida cotidiana.”
-Clarissa Pinkola- “Mujeres que corren con los lobos”
El río bajo el río es un proyecto en proceso parido hasta el momento a través de dos casas-cuerpo que aparecieron en momentos diferentes y se convirtieron en espejo.
En la primera casa era el 2019 y había montañas, venados y seguidores de Trump. Las paredes de dry-wall recubiertas con madera me protegían de un mar vivamente verde y desconocido. No hubo días en esta casa, solo un gran bloque de eso que llamamos tiempo que se mezcló con garrapatas, serpientes y lechuzas (las de afuera y las de adentro). Habité vestidos repasados y máscaras de origen desconocido. Navegué en la noche cielos tan limpios que asustaban. Le performé a los espíritus de los árboles y bailé con una señora, la señora Frost, a través de un cuadro.
En la segunda casa coexistieron algunos meses del 2020 al 2022. Era una estructura alquilada y olvidada pero para mí siempre fue la casa viva. De día se veía enrejada y sin gracia pero de noche abría su naturaleza más profunda y me dictaba tormentas de palabras. Siento que esa casa es también otra señora que se percibe endurecida, pero que habita con fuerza profundidades fangosas y calienticas.
Cada casa hierve debajo de la otra, cada casa es un portal a mí.
Mueve las fotos para descubrir los textos.
English
“Long ago, the English adjective alone meant two words: all one, that is, <<all one>>. To be all one meant to be a total unity, a oneness, both in an essential and a transitory sense. This is precisely the purpose of solitude, to be wholly oneself… Solitude is not the absence of energy or action, as some believe, but an abundance of wild provisions that the soul conveys to us. In ancient times, as we know through the writings of physician-healers, religious figures, and mystics, deliberate solitude was not only palliative but also preventive. It was used to heal fatigue and to prevent exhaustion. It was also used as an oracle, as a way to listen to the inner self and ask it for advice and guidance—things impossible to hear amid the clamor of everyday life.”
—Clarissa Pinkola Estés, Women Who Run With the Wolves—
The River under the River is an ongoing project, birthed so far through two body-houses that appeared at different moments and became mirrors of each other.
In the first house it was 2019, and there were mountains, deer, and Trump followers. The dry-wall walls covered with wood sheltered me from a vividly green and unfamiliar sea. There were no days in this house, only one great block of what we call time, mingled with ticks, snakes, and owls (the ones outside and the ones inside). I inhabited re-worn dresses and masks of unknown origin. At night I sailed skies so clean they were frightening. I performed for the spirits of the trees and danced with a lady, Mrs. Frost, through a painting.
In the second house I coexisted from some months of 2020 until 2022. It was a rented and forgotten structure, but to me it was always the living house. By day it looked barred and graceless, but at night it opened its deepest nature and dictated storms of words to me. I feel that this house is also another lady, one who seems hardened, yet who dwells with force in warm, muddy depths.
Each house boils beneath the other, each house is a portal into me.
Move the photos to uncover the texts.
Hacer fotos que sean mares y luego adentro encontrar el sol.
por cada hueco de lo inerte. Todoestáqueriendoseralgomástodoeltiempo.
Soñé que todo se repetía,
que el agua se levantaba y se estremecía,
que lo que suele estar arriba se desmentía,
que íbamos bien.

La luz se cuela por todas partes y me anula
capa
sobre
capa
sobre
capa.

Es como tener otras vidas adentro.
Todo el tiempo estoy yendo y viniendo.
Veo el pasto y estoy yendo y viniendo,
veo el cielo y estoy yendo y viniendo.
Soy una pequeñísima parte de un ser rizomático que se encuentra desconectado.
Caóticos fragmentos que anulan la profundidad ritual de cada acto, que rompen
con el orden porque quieren acabar con el misterio.
Encarnar las nuevas formas en un lugar lejano al silencio
(y casi opuesto).
Expandirse a través de nuevos cuerpos (laberintos).
Una vasija
dentro de una vasija
dentro de una vasija
Todo es un coro. Leo eso en Instagram y escucho a la naturaleza confirmármelo. De nuevo estoy en la casa viva, en la casa de las paredes que no son. Estamos afuera y las chicharras hacen su canto en mi garganta.
A veces me pregunto qué tipo de muerta voy a ser.
También leo “The multiself of words”
y pienso en mi amor loco por esta cosa
ser
animal
viento
chicle
fondo
casa
borde
laguna
llamada palabra.

La imagen fija no existe, los pelos atraviesan todo. Terreno, todo es terreno.
La información está en la sangre
y más allá del lodo.

Accedo a la memoria oculta, a la reminiscencia auténtica.
Se disuelve el mundo y queda la imagen,
se disuelve la imagen y queda la piel,
se disuelve la piel y queda lo que somos:
el auténtico ritual primigenio, la imagen del mundo infinito.
Y allá adentro, mi sol ardiente.
Tennessee, 2019- Villeta, 2020.
Proyecto realizado gracias a la residencia Time and Space de Women Photograph y a Stacy Kranitz, quién me compartió su casa, su ropa, su mundo. ♡
English
Project carried out thanks to the Women Photograph Time and Space residency and to Stacy Kranitz, who kindly shared her home, her clothes, and her world with me.
Exhibited in La fragilidad de lo vivo Herstoria latina, Bogotá, 2022.